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Playas

El paraíso de Arraial do Cabo

Un paseo imperdible es el que se contrata en la misma Buzios, para ir por el día a visitar Cabo Frío y hacer una excursión en barco, que parte desde Arraial do Cabo, y nos lleva a un reducto exclusivo.

Por Redacción LAVOZ.

Un paseo imperdible es el que se contrata en la misma Buzios, para ir por el día a visitar Cabo Frío y hacer una excursión en barco, que parte desde Arraial do Cabo, y nos lleva a un reducto exclusivo.

La ciudad de Cabo Frío es la más importante de la zona y está situada a 24 kilómetros de Buzios. Además de poseer una gran infraestructura, tiene playas anchas y de mar extenso, con una claridad única. Altas y extensas dunas separan el mar de la zona urbana y la mayor cantidad de turistas se dirige a la Praia do Forte. Pero también están las playas Das Dunas, do Foguete o do Peró. 

Llena de historia (es la sexta ciudad más antigua de Brasil), reúne varios monumentos históricos, como el Fuerte de Sao Matheus (1620) construido por los portugueses en un mirador estratégico sobre la Praia do Forte. Hasta no hace muchos años fue un centro nacional de explotación de la sal, pero esa industria quedó sepultada y la actividad de esta pequeña urbe se orientó hacia el turismo.

En sí, la ciudad ofrece, además de sus playas, un gran centro comercial, como la Rúa das Biquinis, y numerosos establecimientos gastronómicos de primera categoría. No obstante, es posible comer bien y a precio discreto en varios restaurantes de esta plaza turística.

Los menús pueden variar desde los platos locales, los frutos de mar o una simple pizza. Por la noche, hay que conocer el Boulevard Canal, donde se concentra la “movida” de bares, pubs y lugares para bailar.

En el arrabal (arraial) de esta ciudad se encuentra Arraial do Cabo, un poblado más modesto pero también con riquísimo patrimonio histórico, como la iglesia Nuestra Señora de los Remedios (1506) y el monumento al cartógrafo Américo Vespucio. En esta zona ingresaban los esclavos que llegaban de África y en una de sus plazas se realizaban las subastas de hombres encadenados, siempre al mejor postor.

Nadar en las cristalinas aguas claras en Arraial Cabo, Río de Janeiro, Brasil.

El visitante puede perder el aliento cuando ve por primera vez Prainha, un balneario donde las aguas mezclan distintos tonos de turquesa y celeste. Alguna vez fue considerada como una de las mejores playas del mundo y está al alcance de cualquier turista. 

Mientras este lugar es el preferido por quienes desean barrenar olas interesantes, los surfistas se dirigen a las playas Brava y Grande. También está la playa do Faro y otra de las gemas de esta parte del litoral, Pontal do Atalaia.

El recorrido por algunas elevaciones permite que desde diversos miradores se aprecie la belleza de la costa, con morros, islas y una abundante vegetación. 

La transparencia de las aguas de Arraial do Cabo hace que este sea el sitio ideal para la práctica del buceo. Se dice que hay nada menos que 1.200 puntos para explorar, entre buques hundidos, cavernas submarinas y cientos de atractivos.  

Proa al paraíso

Pero, si el turista llegó hasta aquí, no puede dejar de hacer el paseo en barco que en unas cuatro horas lo llevará por un lugar que pudiera parecerse mucho al Edén. 

El recorrido marítimo recorre sitios de ensueño, como la isla do Faro y la playa do Forno, entre otros puntos a los que llega el barco. 

Además de visitar grutas y acantilados de ensueño, el navegante es depositado –zambullida desde el barco mediante– en una isla que es una reserva natural custodiada por la Marina de Brasil. Sólo de esa forma puede llegarse y en esa playa, en la que se permanece cerca de una hora, es posible nadar junto a tortugas y peces de diversos colores.

La arena es singularmente blanca y las aguas celestiales. Tal vez sea este el pico culminante de todo el recorrido, un paseo que no conoce de puntos intermedios y que nos sorprende en todo momento.

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