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De 10 a 75 años, un vuelo en globo no se le niega a nadie

¿A quién no le gusta volar? En Córdoba, este verano podés hacer un paseo en globo que no ofrece ninguna dificultad (y sólo hay que esperar por el clima).

Por Redacción Voy de viaje.

 

La manera más vieja de volar es en globo aerostático. El primero de los vuelos ocurrió en 1873, cuando los hermanos Montgolfier, de Francia, lograron un vuelo tripulado sobre un globo de aire caliente.

En Córdoba, este atípico verano 2021 puede ser posible cumplir esa hazaña, para los mayores de 10 años y hasta 75 (en buen estado físico).

En esta experiencia no apta para los que sufren de vértigo, se puede participar de todo el proceso, desde el llenado del globo con aire caliente, la subida a la canasta y luego el vuelo en sí. "El despegue es muy suave y tranquilo, el globo gana altura de forma progresiva, sin movimientos bruscos, la barquilla es totalmente estable. El paisaje se vuelve mágico y el mundo de siempre nos muestra una cara diferente", asegura José Luis "El Negro" Saieg de Aventuras de Alto Vuelo, una empresa con más de 10 años de experiencia.

El piloto va subiendo o bajando en busca de las corrientes de aire más favorables. El globo no tiene ni volante ni timón, y a pesar de todo, el piloto sabrá aprovechar el viento reinante para ofrecer un vuelo entretenido y variado. La vista será el principal de los sentidos que se llenará de estímulos durante el trayecto.

"Dependemos muchos de las condiciones climáticas. Cuando los vientos a más de 200 metros superan los 5 kilómetros por hora, se complica el vuelo", detalla "El Negro", un apasionado de las experiencias de aventura y del contacto de la naturaleza. También se siente obligado a extremar el cuidado del medioambiente. "A veces, no se toma la precaución suficiente: un papelito, un pucho, una botella, dañan el medioambiente y hay que hacer mucho hincapié en eso. Es primordial, en los tiempos ques se viven, que la gente tome conciencia".

El horario ideal es el amanecer, y ellos ofrecen el servicio con traslado propio hacia Alta Gracia, tanto desde Villa Carlos Paz como desde Córdoba. 

Sobre el canasto, pueden subir como máximo dos personas, ya que con el instructor no pueden superar los 300 kilos en total. "Para nosotros, es fundamental la charla previa, el conocimiento. Para saber si nos podemos enfrentar a alguna dificultad una vez que estamos arriba, y correr riesgos innecesarios. Hay quienes nos dicen una cosa, pero la realidad es otra", detalla. 

Para José Luis, el riesgo siempre está, por supuesto maximizado en actividades como el parapente, aladelta o paracaidismo, pero siempre tratan de minimizarlo. Ellos comenzaron la actividad como un sueño de hacer turismo de aventura para toda la familia. "Antes, sólo se hacía en el Champaqui, la Quebrada del Condorito, el Uritorco o Los Gigantes, con mochilas, bastón y equipo costoso. La gente decía: esto no es para mí. Pero empezamos con mi socio y amigo 'El Oso', que hoy ya no está, con la Cascada Escondida, tirolesa, trekking, escalada y rappel".

Algunas actividades las fueron cambiando según los lugares y las condiciones, y adaptando también las propuestas, aprendiendo de los errores y de las recomendaciones de los turistas. "Fuimos creciendo siempre con pasión, con actitud, con ganas de seguir adelante. Hicimos cosas muy lindas a lo largo de los años. Hemos jugado en primera".

En el aire

"A intervalos regulares se escucha el rugido de los quemadores, pero entre ellos reinará el silencio. Tanto que en ocasiones se pueden escuchar conversaciones en tierra a cientos de metros bajo nosotros, o también los cantos de los pájaros y otros sonidos de la fauna local. Es curioso pero también podremos oler la hierba húmeda, e incluso los aromas de las comidas que se preparan en casas y restaurantes bajo nosotros. Todos nuestros sentidos están alerta ante esta nueva experiencia, y tal vez sea el tacto el menos activo de los sentidos. La barquilla es muy cómoda y en ella disponemos de suficiente espacio para todos", detallan.

El lugar de aterrizaje es una incógnita, pero también propone un momento divertido y emocionante. "Los pasajeros que lo deseen pueden ayudar a recoger el globo, tocarlo y aprovechar para preguntar por todos los detalles", dicen.

Más que adrenalina, es una experiencia de paz, tranquilidad y relajación. "Nuestros músculos se relajarán, nuestra mente se tranquilizará, nos sentiremos cómodos con esta experiencia que nos permitirá sentir la libertad de volar, de poder ver todo desde otro punto de vista, de sentir el aire en tu cara".

Para hacerla es necesario calzado deportivo acordonado con medias, protector solar adecuado a tu tipo de piel, ropa cómoda de algodón, gorra, crema hidratante y abrigo. El tiempo aproximado es de media hora, y la dificultad es baja. 

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