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Por Córdoba

Alta Gracia, encuentro de culturas y de personalidades

La ciudad se muestra orgullosa con un vasto pasado que va desde los pueblos originarios a los conquistadores, de los jesuitas a los negros esclavizados, de invasores confinados a un virrey, de revolucionarios a artistas internacionales, de trenes y turistas aristocráticos a masones y peregrinos.

Por Robert Keegan.

Alta Gracia se encuentra a unos 28 kilómetros al sudoeste de la ciudad de Córdoba, tomando como referencia la salida por autovía 5 y Circunvalación, aunque también se puede acceder desde la capital cordobesa por la autopista a Villa Carlos Paz y el posterior empalme de la ruta provincial C-45, que pasa por Falda del Cañete y Falda del Carmen.

La ciudad recibe a los visitantes con cinco de museos de una variada temática que, junto con la gastronomía de excepción y diversidad de alojamientos, la convierten en un polo turístico de calidad internacional.

Espadaña y cúpula de la iglesia de la estancia jesuítica de Alta Gracia. (Keegan Ediciones)

Cuando se ingresa a la ciudad, la primera parada casi obligatoria es la Plaza Manuel Solares y al oeste de la misma la imponente fachada del Museo Nacional Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers. La estancia junto al Tajamar y la Torre del Reloj conforman un conjunto arquitectónico de singular belleza.

Tajamar, Torre del Reloj y la Estancia Jesuítica, en el corazón de Alta Gracia. (Keegan Ediciones)

Cinco son los museos que hacen de Alta Gracia un lugar de cultura viva. A la ya mencionada estancia se le suman cuatro museos municipales: el del Che, el de Manuel de Falla, el de Arte Gabriel Dubois y el Arqueológico, el de más reciente creación.

Estancia Jesuítica y Casa del Virrey Liniers

En tiempos de pandemia y protocolos lo primero que hay que advertir es que el museo abre sus puertas de jueves a domingos, con horarios fijos de ingreso cada una hora y media desde las 10.30, y la posibilidad de permanecer hasta 60 minutos. La entrada es gratuita, pero como hay un cupo de 20 personas por turno hay que registrarse en la página del museo (https://museoliniers.cultura.gob.ar/info/visita/#reserva-previa) para asegurarse el ingreso.

Los orígenes. Los comechingones denominaban a valle al que denominaron Paravachasca cuando se produjo el arribo del conquistador español. El 8 de abril de 1588, esta región le fue entregada en merced a don Juan Nieto, quien había arribado con la expedición al mando de Jerónimo Luis de Cabrera que dio origen a Córdoba.

Por entonces, don Nieto se desempeñaba como escribano público del Cabildo y se convirtió en el primer dueño de estas tierras con los debidos títulos, según el colonial ordenamiento jurídico español. Años después, estas tierras pasaron a ser administradas por don Alonso Nieto de Herrera, quien estableció una estancia, a la que bautizó con el nombre de Nuestra Señora de Alta Gracia.

Don Alonso Nieto de Herrera heredó plenamente los bienes, y al enviudar en dos oportunidades, en soledad y sin descendencia, decidió ingresar a la orden de los jesuitas, a la que donó todos sus bienes.

La llegada de los jesuitas. Cuando los religiosos tomaron la dirección de la estancia, a mediados del siglo XVII, el establecimiento comenzó a experimentar un rápido crecimiento con nuevos edificios y ampliando su superficie y capacidad de producción, cuyas ganancias eran destinadas al mantenimiento de la acción evangelizadora y educativa de la orden, como el Colegio Máximo y la Universidad.

La construcción principal de la estancia de Alta Gracia ha perdurado casi inalterada hasta nuestros días, gracias al esfuerzo y cuidado de los diversos propietarios. Inclusive, cuando se introdujeron algunas modificaciones se tuvo la visión de guardar elementos originales, como ventanas, puertas, etcétera.

La distribución de las habitaciones del bloque principal se dio alrededor del cuadrangular Patio de Honor o Patio Mayor, desde donde se accede a la planta superior por una imponente doble escalera.

Patio interior de la estancia y su doble escalera. (Keegan Ediciones)

Los anchos muros de calicanto y adobe sostienen la estructura, donde resalta la galería en torno al patio con sus bóvedas. En la parte posterior del complejo se encuentra el Patio Menor, donde se hallan el edificio que fuera destinado a la herrería y el acceso a la cocina. La herrería artística de esta estancia proveyó de las bellísimas rejas que ornamentan todo el complejo, pero además de distintos elementos destinados a las aberturas.

Por otra parte, adosado al lateral sur del casco se dispone la iglesia. La actual construcción fue la tercera obra que levantaron los religiosos. La escasez de recursos motivó que en muchas ocasiones se erigieran edificios con elementos austeros y poco durables como el adobe.

Pero con la evolución misma de la economía de las estancias los padres iban cambiando los materiales, y hasta incluso reemplazando las construcciones primitivas por otras más evolucionadas. Tal es el caso de la iglesia consagrada a Nuestra Señora de Alta Gracia, cuya finalización se remonta a 1762, y donde se destacan su techo totalmente abovedado, el altar y las pinturas que ornamentan los interiores de techos y cúpula.

Otro de los edificios que conformaban el casco de la estancia era el obraje. Situado al costado de la iglesia cruzando la calle, aquellos muros, que fueron mudos testigos de la producción textil, albergan en la actualidad las actividades educativas del Colegio Técnico.

El tercer elemento que complementa la estructura principal de esta estancia es el Tajamar, embalse situado en el costado norte de la principal edificación.

Para los hijos de San Ignacio de Loyola la optimización y el aprovechamiento del agua constituyeron una permanente preocupación. Es por ello que los religiosos construyeron junto con los indios y los negros esclavizados una serie de muros en el cauce del arroyo, llamado ahora Los Paredones, finalizando en el reservorio del Tajamar.

Esta represa, de 1,4 hectáreas, no sólo se constituyó en una reserva vital de agua sino que también posibilitó la organización de un molino hidráulico, con el que se obtenían harinas y granos molidos.

Cabe agregar que la estancia se complementaba con otras construcciones menores que no resistieron el paso del tiempo, como las Rancherías, la huerta y los corrales para los animales.

Después de la expulsión. En 1767 los jesuitas fueron expulsados de América por orden real, y al igual que otras propiedades de la orden esta estancia quedó bajo la administración de la Junta de Temporalidades.

Tras un frustrado remate la propiedad volvió a ser subastada el 11 de mayo de 1796, en un acto presidido por el marqués de Sobre. La misma fue dividida, y Victorino Rodríguez, estrecho colaborador del marqués de Sobre Monte y creador de la Cátedra Instituta (Derecho) en la Universidad, se convirtió en el nuevo propietario del casco de Alta Gracia.

En la primera década del siglo 19, y luego de las fallidas intentonas británicas en el Plata, algunos soldados tomados como prisioneros fueron remitidos a la estancia de Alta Gracia, donde permanecieron recluidos por un tiempo.

Semanas antes de producirse los hechos de Mayo de 1810, Victorino Rodríguez le vendió la estancia a Santiago de Liniers, héroe de la Reconquista y exvirrey. Pero llegado el grito revolucionario de Buenos Aires a Córdoba, la suerte de las principales autoridades coloniales estaba echada por organizar una contrarrevolución: los complotados, incluido Liniers, fueron fusilados el 26 de agosto de 1810.

Los hijos de Liniers, que fueron puestos bajo la supervisión de tutores, quedaron viviendo en la estancia de Alta Gracia. En 1820, uno de esos tutores, José Manuel Solares, adquirió finalmente la propiedad.

Solares tuvo una marcada notoriedad en la Córdoba por su dedicación a la educación popular, y bajo su administración la estancia retomó el camino de un desarrollo sostenido, a punto tal que en 1868 dispuso la fundación de una villa a través de su testamento.

Un dato distintivo de la personalidad de Solares es que donó terrenos a gente sin recursos, pero de probada honradez, para que en menos de un año levantaran sus viviendas. Nacía así la población de Alta Gracia.

El museo y sus colecciones

A partir de la muerte de José Manuel Solares, la estancia de Alta Gracia siguió por casi un siglo en manos privadas, hasta que en 1970 esta edificación fue expropiada por el Gobierno nacional. Desde aquí surgió el proceso que terminó el 29 de noviembre de 2000 con la incorporación del legado jesuítico en Córdoba al listado del Patrimonio de la Humanidad de Unesco.

Los tiempos actuales no permiten recorrer la totalidad de las salas, pero siempre es un gusto volver cada tanto al museo porque sorprende al visitante, como las exposiciones del Lenguaje de las cajas o Tirar de la manta, o la exhibición Fragmentos de la vida cotidiana en la antecocina, conformada por recuperadas piezas de vajilla que posiblemente pertenecieron a la etapa de Liniers, con la que se había clausurado el sistema de los baños jesuíticos.

Antecocina de la estancia, con la exhibición de Fragmentos de la vida cotidiana. (Keegan Ediciones)

Los museos 

Los cuatro museos están abiertos diariamente de 9 a 20, con una entrada de $ 40 para los del Che, Manuel de Falla y Dubois (hay un triple pase por $ 60 que se adquiere en cualquiera de ellos), mientras que el arqueológico es con entrada gratuita. Si estamos por la zona céntrica conviene empezar por este último, mientras que los tres del pase se encuentra en el alto de la ciudad, hacia el oeste.

Museo Arqueológico Municipal: afortunadamente, desde hace apenas tres años Alta Gracia ha podido satisfacer la necesidad de completar la exhibición se su pasado con una imperdible muestra de la cultura de los pueblos originarios. Sólo algunas piezas se exhiben aquí de la vasta colección reunida hace más de medio siglo por José Eduardo Heredia en los valles de Paravachasca y de Los Reartes, pero de una calidad y detalles que asombran.

Estatuillas comechingonas con un nivel de detalle que asombran al visitante. (Keegan Ediciones)

Asimismo, el museo está presentado de manera dinámica y muy pedagógica, en especial para los más chicos (lástima que ahora el protocolo impone restricciones a algunas actividades). No es una simple muestra de objetos de varios siglos de antigüedad, sino que es un espacio que sirve para descubrir la parte humana, y la continuidad hasta hoy, con sus destellos y penumbras.

Museo Casa del Che: es uno de los más solicitados por los visitantes atento al tenor universal del controvertido personaje que pasó una década de su vida en Alta Gracia, adonde su familia llegó en busca de un mejor aire para el asma del pequeño Ernesto. Ocuparon la casa Villa Nydia desde 1935, la que abrió sus puertas como museo en 2001.

Villa Nydia, actual Museo Casa del Che, con una escultura de Ernestito de Luis Hourgras. (Keegan Ediciones)

A través de las diferentes salas se puede repasar la vida de Ernesto Che Guevara, desde su infancia en Alta Gracia, sus estudios, sus viajes por Argentina y América, la etapa de la Revolución Cubana, sus viajes y encuentro con personalidades del mundo, su participación en el Congo y Bolivia hasta su ejecución en 1967.

Sala que evoca los viajes de Ernesto Che Guevara. (Keegan Ediciones)

Museo Manuel de Falla: fue seguramente el mayor compositor español del siglo 20, que lamentablemente le tocó vivir una etapa convulsionada de su España natal y del mundo. La censura del el régimen franquista y la tuberculosis que contrajo fueron minando la existencia de este genio musical de muy pequeña contextura.

El compositor murió el 14 de noviembre de 1946 en este chalet Los Espinillos, en el que vivió unos pocos años junto con su inseparable hermana, hasta que en 1970 se abrieron las puertas como museo.

En el chalet Los Espinillos se conserva la cama en la que falleció Manuel de Falla. (Keegan Ediciones)

Museo Casa Taller Gabriel Dubois: también conocida como La Peña, fue y es un lugar de encuentro y formación de artistas. El verdadero nombre de este talentoso artista francés fue Gabriel Simonnet, y participó en obras de gran jerarquía como la araña del Salón Azul del Congreso, el plafond del salón principal del Teatro Colón y los candelabros del mausoleo del General San Martín, entre otras. En la casa-taller es posible conocer el ámbito, materiales y herramientas utilizadas en su trabajo, junto a su Tití y a otro entrañable personaje como Luis Hourgras.

Réplica de la escultura que Gabriel Dubois realizó para la tumba de su mujer. (Keegan Ediciones)

Otras actividades

Gruta de Lourdes: Alta Gracia también está signada por la manifestación de fe religiosa. La réplica de la gruta fue erigida en 1916, y si bien cada 11 de febrero es multitudinaria la llegada de fieles, el arribo de peregrinos es constante durante todo el año. Está abierto desde las 8.30 hasta el atardecer y el visitante puede abastecerse de agua bendita.

Si bien este año se ha suspendido a causa de la pandemia la tradicional peregrinación, por la que cada 11 de febrero llegaban decenas de miles de fieles, es constante la devoción a la Virgen de Lourdes en este santuario. (Keegan Ediciones):

También es posible alquilar bicicletas e hidropedales en el Tajamar, practicar saltos de bautismo desde el Aeródromo (paracaidismo-ag.com, cel.: 3513487628, desde $ 12.500 por persona), jugar al golf, probar suerte en el casino del Sierras Hotel y hasta realizar cabalgatas (Cabalgatas & Días de Campo, con reserva previa al tel.: 3547 575100, desde $ 650 por persona).

Principales atractivos de Alta Gracia. (Keegan Ediciones)

La intensa actividad que invita la ciudad impone recuperar energías. Desde las tradicionales parrillas, como Pepenero; la cocina española como la de Hispania y Extremeños; o la cocina internacional como en la Herencia, el Club House del Golf o Potrerillo de Larreta, entre tantos buenos lugares que ofrece la ciudad.

El Reloj Público es un elemento erigido en 1938 por los arquitectos Nélida Aspilicueta y Nereo Cima, con motivo de celebrarse los 350 años de la entrega en merced de estas tierras a don Juan Nieto. (Keegan Ediciones)

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